Dos Mujeres, un camino

Por Nacho Ramírez

En el pasado Congreso Nacional de Morena las mujeres ganaron. El “gritódromo” y el “aplausómetro” fueron para la Jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum y para la secretaria de Seguridad Pública Ciudadana, Rosa Icela Rodríguez.  

Ambas, es innegable, tienen una cercanía importante con el presidente Andrés Manuel López Obrador, pero independientemente de ello, una y otra, también es innegable, tienen altas calificaciones en sus desempeños en la administración pública. 

En el mundo aproximadamente 20 mujeres son presidentas. En las últimas décadas han ido ganando espacios que leseran vetados, y digo ganando porque efectivamente han triunfado frente a una “mafia machista” que las supone inferiores, que las ve como objetos decorativos, de apoyo, pero no más.

Frente a esto, las mujeres han ganado batallas épicas al machismo, y hoy no sólo tienen cargos relevantes; son primeras ministras, mandatarias, lideres sociales. En México, en Colima, en 1989, la profesora Griselda Álvarez Ponce de León fue la primera gobernadora del país,  Dulce María Sauri Riancho, le siguió en Yucatán en 1991.

En 2021, fue un año donde por primera vez llegaron al poderestatal seis mujeres: Marina del Pilar, en Baja California; Índira Vizcaíno, en Colima; Evelyn Salgado, en Guerrero; Layda Sansores, en Campeche; Lorena Cuéllar, en Tlaxcala, todas ellas de Morena y Maru Campos en Chihuahua por el PAN.

Efectivamente como se ha señalo, el de hoy “es el tiempo de las mujeres”. Donde uno puede suponer que el machismo es aun todo poderoso, las mujeres gobiernan como en Singapur(Halimah Yacob), Nepal (idhya Devi Bhandari), Taiwán (Tsai Ing-wen), Barbados (Sandra Mason), Trinidad y Tobago (Paula-Mae Weekes). Todas ellas y muchas otras, son inspiradoramente rebeldes, porque están incitado a la “revolución de las conciencias” de millones de mujeres que ven y conciben el mundo de otra manera. 

En México, de igual manera, estamos viviendo “el tiempo de las mujeres”, pero insisto, no por buena voluntad de un hombre, sino porque cada espacio las mujeres lo han conquistado, se lo han ganado a pulso; por eso no sería de extrañar que en nuestro país, en las boletas electorales en el 2024, encontremos a dos mujeres, Claudia Sheinbaum y Rosa Icela Rodríguez. Ojalá participen otras en estas luchas político-electorales. 

La primera, desde luego, iría por la Presidencia de la República, y la segunda por la capital del país. Ambas, como señalé antes, son dos personajes que han construido sus carreras profesionales y políticas de manera destacada y recta. Sus currículums no sólo son espacios de presunción,sino de experiencias reales, capitales que les permite estar en los primeros lugares de casas encuestadoras que han indagado entre la militancia de Morena y en la población abierta por sus preferencias para el 2024.

Claudia y Rosa Icela son mujeres actoras del cambio, precursoras de una visión social y política distinta, lideresas de opinión, cuadros políticos destacados al interior del partido en que militan; representan libertad e igualdad, pero también rebeldía, emancipación. 

A querer o no, en México hemos experimentado un cambio, y “el cambio necesita ser visible para ser cambio”, una y otra encabezan esa ruta, un mismo camino.