A la mitad del camino

Por Mario A. Medina

El pasado miércoles, el Presidente Andrés Manuel López Obrador ofreció su Tercer Informe de Gobierno. Un texto que como bien ha dicho el periodista Jorge Zepeda Patterson, no fue precisamente dirigido a la “tribuna”, sino a un sector muy particular, al grupo neoliberal que había venido gobernando el país. 

Evidentemente, en estos días y aun en los que siguen,estaremos viendo análisis, puntos de vista encontrados del balance que ha hecho el Presidente, en este caso no del último año de gobierno, sino de los tres últimos años de su administración. Algunos le aplauden, otros lo descalifican. Esto es normal. Nada de qué espantarse.

Es claro que en todo informe de gobierno, de quien sea, se practica un ejercicio propagandístico. Este tercer informe no es la excepción. Me hubiera gustado escuchar, leer algunas líneas de autocrítica. Lamento que no haya ocurrido. 

De manera paralela con el tercer informe de gobierno, el Presidente Andrés Manuel López Obrador, publicó su libro: “A la mitad del camino”, que, a decir del propio mandatario, “es un testimonio de lo alcanzado hasta ahora de los desafíos pendientes” y de cómo se imagina que estará el país en el 2024.

En la página 86 de su libro, López Obrador señala que “es un timbre de orgullo que a pesar de la crisis sanitaria y económica que provocó la pandemia, y con todo y el sufrimiento que nos causó, no dejamos de trabajar para consumar la Cuarta Transformación de la vida pública de México”. El Presidente afirma que en este tiempo se ha “avanzado y resistido” cuando se decidió enfrentar la corrupción que “tanto año ha causado a México y a su gente”.

No pretendo aquí analizar el discurso presidencial de ese día. Busco echar una mirada al hecho de que, a querer o no, México ha experimentado una transformación que ha tenido como propósito fundamental “rescatar el tejido social que se había desgastado durante décadas por abusos y desigualdad” como también poner freno a la corrupción que se vivió en nuestro país durante los gobiernos neoliberales, peroparticularmente en el gobierno de Enrique Peña Nieto, incluso en el de Felipe Calderón.

Efectivamente, como ha señalado el Presidente, “sería muy difícil”, pero digo yo, no imposible, que se dé marcha atrás a decisiones o acciones que efectivamente tienen que ver con transformaciones que, de haber ganado el candidato del PAN, Ricardo Anaya o el del PRI, José Antonio Meade, estas no hubieran ocurrido.

AMLO enlistó las pensiones a los adultos mayores, becas a los estudiantes pobres, frenar el “lujo y las extravagancias en el ejercicio del gobierno”; “terminar con la condonación de impuestos a las grandes corporaciones económicas o financieras”, “retornar a la privatización depredadora de los bienes públicos y que no vuelva a imperar en el país la corrupción. “Un retroceso no sería cosa fácil”, ha dicho él, insisto, no imposible.

Aunque lo nieguen sus detractores, el gobierno de la 4T ha logrado una transformación que efectivamente ha estado sucediendo. Agregaría la que tiene que ver con la relación prensa-gobierno, que cuando se vaya López Obrador será muy difícil regresar a los tiempos donde el poder, en este caso el gobierno, pague para que no le peguen sin que nada se diga.   

Las tres transformaciones anteriores que ha experimentado México fueron influenciadas positivamente por factores internos y externos, se nutrieron de acontecimientos mundiales y de pensamientos que revolucionaron al mundo, y en el caso de la Cuarta Transformación (dejó de ser un simple lema de campaña) que propone López Obrador, ésta no está exenta efectivamente de diversos pensamientos “revolucionarios”.

Pero igual, la 4T no ha estado dispensa de una guerra sin cuartel como las que se experimentaron también en la tres transformaciones anteriores, donde, como señaló en algún momento el Subsecretario para América Latina y el Caribe de la SRE, Maximiliano Reyes: “El hilo conductor es siempre la necesidad ingente de cambio; en todas sus vertientes: social, político, económico y cultural, (donde) el cambio implica un rompimiento con la arquitectura de símbolos que formaron nuestra visión nacionalista en algún momento de la historia”.

Ha recordado que, durante la segunda transformación de la vida pública de México, ésta se vio interrumpida por la traición interna y la invasión externa. El presidente Benito Juárez “logró resistir la embestida imperialista y restaurar la República”, ha recordado.

Hoy observamos factores, si acaso similares. Evidentemente quienes fueron beneficiados por sistema neoliberal, no les es conveniente ningún tipo de transformación y por eso descalifican cualquier cambio que atente contra sus privilegios, contra su estatus quo, y por ello su guerra contra el mandatario.

Uno muy evidente, penoso, en una palabra, es el reclamo del sector más privilegiado del país cuando le han exigido a López Obrador frene los apoyos económico-sociales para las personas de la tercera edad, para las madres solteras y otros más. Sin embargo, veían con satisfacción los subsidios en miles de millones de pesos, por ejemplo, la exención de impuestos. Asunto que lo ven como un excelente “alientoque incentiva el interés empresarial”.    

A la mitad del camino, en su tercer año de gobierno, insisto, a querer o no, el país está experimentando una transformación que tal vez no esté siendo del calado que el mismo López Obrador imaginó al llegar a su tercer año de gobierno y que muchos considerarán que no hay tal transformación. La hay. 

No debemos olvidar que muchos vaticinaban lo peor con la llegada de AMLO al poder: “México será una Venezuela”, repetían hasta el cansancio, y es que con el arribo de la 4T al poder significó la llegada de “una oposición real, sin violencia, a través de las instituciones”, ha señalado el historiador, Lorenzo Mayer, mientras que el politólogo José Antonio Crespo considera que llegó “la primera alternancia pacífica hacia la izquierda” que permitió “abrir una válvula de escape (política e institucional) al descontento acumulado por la corrupción…”, como citó el mismo Maximiliano Reyes.

En fin, estamos a la mitad del camino de este gobierno que ha impulsado un importante número de transformaciones que incluso a quienes no forman parte de la “mafia del poder”, no comulgan con esta metamorfosis, pero que están ahí, y desde luego no estarán exentas más adelante de intentos de acabar con ellas, de que mueran, por no decir de “asesinarlas” para desmantelar a la 4T.

Un aspecto que para mi será particular, el gobierno de Andrés Manuel se va a significar aún más en los próximos tres años, por una transformación principalísima, la que él mismo llama “la revolución de las conciencias”, y no sólo la que experimenten sus seguidores sino, incluso, la que engendre, por necesidad o convencimiento en sus opositores.

Que no le cuenten…

Por más que quieran el PAN negar su “cernía”, por decirlo suavecito, con el ultraderechista partido español, Vox y su líder, Santiago Abascal, es más que claro lo que representa el panismo: el ultra conservadurismo, un pensamiento “rancio”. La reunión de un grupo de sanadores con Abascal fue más que un golpe mediático, fue un auto “bazucazo” que, aunque la dirigencia nacional se deslinda de dicha reunión, en las entrañas de ese partido sigue vivo su verdadera naturaleza: el junquismo. Una Pregunta: ¿Acaso la dirigencia nacional del PAN no conoció que se iba a llevar a cabo esa reunión en el Senado? ¡Imposible! Más de 24 horas después salieron a deslindarse. En verdad lo pensaron mucho.

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