Siete millones son muy pocos

Por Mario A. Medina

Como era de esperarse, fue abrumador el sí en la consulta del pasado domingo para determinar si se debería enjuiciar o no a Carlos Salinas, Ernesto Zedillo, Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto por haber cometido diversas “presuntas” infracciones en conta de la ley durante sus mandatos.

Era claro que quienes habrían de participar votarían por el sí, pero también se esperaba que la participación ciudadana no habría de ser arrasadora, y así fue. 

Fueron muchos los factores por los que los ciudadanos no participaron en esta primera consulta popular. Desde los que se le puede atribuir a la propia ciudadanía como puede ser el desgano, desinterés, despolitización, trabajo, enfermedades, etcétera.

Su negativa pudo tener que ver con un “rompimiento” entre ciudadanos que, inclusive, votaron por Andrés Manuel López Obrador en las elecciones presidenciales del 2018, pero que han venido teniendo diferencias con el ahora Presidente de la República. Desde luego están los que simplemente no comulgan con el proyecto presidencial de la 4T, y por consiguiente era evidente que no irían a votar, incluso hasta por el no. 

Otros más, no lo hicieron, al parecer, por las “trampas” que se le atribuyen al órgano encargado de llevar a cabo la consulta, es decir el Instituto Nacional Electoral (INE). Tal acusación es preocupante porque si es cierto, como lodenunció no sólo el propio López Obrador y la dirigencia nacional de Morena, sino por algunos actores políticos, personajes respetables que podemos considerar imparcialesquienes, como Sabina Berman, escritora y analista, señaló “la dificultad que tuvo para localizar su mesa receptora para poder participar en la consulta popular”.

Ariadna Bahena, integrante del Comité Nacional Promovente de la consulta popular, denunció por ejemplo que el INE encargado de los trabajos logísticos de ese proceso, “diseñó reglas y mecanismos difíciles de acceder para toda la ciudadanía, entorpeciendo en todo momento los procesos”.

Así, por ejemplo, “se dieron cambios de lugares convencionales donde se habían ubicado las casillas, y se hicieron modificaciones el mismo día de la votación sin previo aviso. Además, el sitio para consultar las casillas fue una página de internet poco accesible para la ciudadanía”, aseguró Bahena. 

Por mi parte, me di a la tarea de preguntar a varias personas que sabía decidieron participar y, de igual modo, me informaron que les costó trabajo dar con el punto de votación, y otros de plano se desanimaron por la dificultad de encontrar el lugar para que pudieran ejercer su derecho a participar en la consulta. 

Otro aspecto que se debe de analizar y reflexionar sin autoengaños, fanatismos y falsos triunfalismos es, en particular, la baja contribución ciudadana, en cuya consulta, como decía en mi entrega anterior (“Más allá de la consulta), se requería que participaran más de 37 millones de ciudadanos para que su resultado fuera vinculante, y a los cinco expresidentes se les iniciara un proceso judicial en su contra. 

Incluso habría que pensar si el mismo resultado de esta consulta podría significar un desinterés futuro en la participación ciudadana en la próxima consulta con todos los “peligros” que le pudiera representar para López Obradoresta negativa (y arrepentimiento) de quienes votaron por él y lo llevaron a la Presidencia. 

Tanto el Presidente como Morena deben hacer una reflexión,profunda seria, profesional, ya lo decía, no haciendo de victorias pírricas, triunfos ilusorios, creyendo tramposamente que con la participación de poquito más de siete millones de personas les permite alcanzar el laurel. 

No es cierto, no fue así. Desde luego que fue importante que siete millones de personas hayan salido a votar, que pueden ser no sé cuántas veces más los votos que los que obtuvo el PRD en la pasada elección, o casi la misma votación que alcanzó el PAN, o cuántas veces más que los que no pudo obtener el partido de Felipe Calderón cuando buscó obtener su registro. Faltó mucha, pero mucha más participación.

Quienes se autocomplacen o se autoengañan, afirmando que los poco más de siete millones de votos “no fue poca cosa”, es hacerse, diría mi madre, “como Tío Lolo”. Sí fue poca cosa porque después de haber ganado con más de 30 millones de votos en el 2018 y haber ganado mayoría en la Cámara de Diputados en las pasadas elecciones federales intermedias, siete millones sí es poca cosa.

Independientemente de este resultado, México y los mexicanos necesitamos, al menos como paliativo, como ungüento la creación de una Comisión de la Verdad para que las viejas y nuevas generaciones conozcamos lo que suponemos ocurrió, que nos engañaron, que robaron nuestro futuro, el de nuestros hijos, que vendieron al país, que lo quebraron y remataron; que sembraron la violencia que hoy la seguimos padeciendo y lamentando.

Sí, una Comisión de la Verdad para que ya no regresen esos mismos que hacen todo por reaparecer, que le piden al tiempo que vuelva, y que nosotros, la sociedad, volvamos creer en sus cuentos, en sus mentiras y los admiremos y seamos de nuevo conformistas y convenencieros: “roban, pero salpican”, “medicinas caras, pero las hay”. Sí, una Comisión de la Verdad para exhibirlos, para repudiarlos, para vengarse, aunque sea un poquito.

El Presidente, Morena y su dirigencia nacional debe llevar a cabo, como señalaba antes, una profunda reflexión, profesional, sin auto complacencias, sin auto engaños de los resultados del domingo 1 de agosto, porque el domingo 21 de marzo del 2022 se llevará a cabo la consulta revocatoria del mandato presidencial, es decir si el Presidente Andrés Manuel López Obrador termina su mandato en el 2024 o se va antes, y sí, siete millones son demasiado pocos.

Que no le cuenten…

Sí, desde ya hace rato que el Tribunal Electoral del Poder Judicial (TEPJF) apestaba. En 2012 negaron su propia investidura. Los magistrados se negaron a ser jueces al no emitir actos jurisdiccionales, función propia de su naturaleza. Es decir, rechazaron contar “voto por voto y casilla por casilla”. Fue cuando declararon la validez del proceso electoral y como ganador a Felipe Calderón. De calidad moral no saben nada, y de leyes saben mucho, y por eso retuercen el Derecho.

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