Si usted es fabricante de mentiras, ¡preocúpese!
Por Mario A. Medina
Apenas la consejera Jurídica del gobierno federal, Luisa María Alcalde Luján, había anunciado una consulta pública para conocer opiniones en torno a los “Lineamientos para la Defensa de las Audiencias” y garantizar a éstas el acceso a información veraz y oportuna, de inmediato algunos medios de comunicación y periodistas acusaron: “CENSURA”.
Entre los objetivos de los lineamientos destaca el que “toda persona tiene derecho al libre acceso a información, plural y oportuna, así como a buscar, recibir y difundir información e ideas de toda índole por cualquier medio de expresión”.
Un aspecto importante es la prohibición expresa de la transmisión de publicidad o propaganda presentada como información periodística o noticiosa que es muy común que lo haga, de manera particular, TV Azteca.
Se destaca lo establecido en el artículo 7º Constitucional donde se precisa que es inviolable la libertad de difundir opiniones, información e ideas, a través de cualquier medio, y que ninguna ley ni autoridad puede establecer la previa censura ni coartar la libertad de difusión.
Desde siempre, los medios se han convertido en “arma del poder”, del poder político, económico, incluso del poder intelectual; mienten cuando propagan que son una “arma de la sociedad” para estar informada, pero, por el contrario, históricamente, han desinformado y tratado de manipular a la sociedad.
La sociedad ha tenido en las redes sociales instrumentos de información que le ha permitido contrastar lo que informan unos y otros, pero aún así, ciertos medios de comunicación, desde la radio y la televisión, han seguido optando por la manipulación y la desinformación.
Durante los gobiernos del PRI y PAN son conocidos los casos de desinformación y manipulación. En el 68 la matanza estudiantil en la Plaza de las Tres Culturas; en 1971, el “Halconazo” como se conoció la matanza del Jueves de Corpus; el despido de Carmen Aristegui de la radio por casos como el problema de alcoholismo de Felipe Calderón; la Casa Blanca de Enrique Peña: temas en los que algunos medios fueron cómplices de guardar silencio o desviar la atención de lo ocurrido o inventar “la verdad histórica”.
Otros casos como el de “Aguas Blancas” y “Acteal” en el gobierno de Zedillo; San Salvador Atenco, la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa están marcados en la historia del país, y al mismo tiempo, por el triste papel que han jugado los medios.
Como señala el estudio “Medios de comunicación en México: entre el autoritarismo de Estado y el autoritarismo de mercado” de Jorge Bravo, “las instituciones mediáticas han guardado una estrecha relación simbiótica con el poder político y han sido un reflejo fiel de las estructuras de poder autoritarias imperantes”.
La sociedad no tenía para dónde hacerse, los únicos instrumentos informativos que tenía era la radio, la televisión, los diarios, las revistas. Fueran pocos los medios alternativos que les hicieron contrapeso a la “Prensa vendida”.
En 2018 y aún antes, la desinformación, manipulación y golpeteo en torno e Andrés Manuel López Obrador fue basta: “un peligro para México”; lo mismo ocurrió durante la campaña de Claudia Sheinbaum y ha seguido sucediendo en lo que va de su mandato.
“Desinformación, infodemia y manipulación”, se convirtió en una “arma política”, “mentiras puestas en el discurso público para tratar de contener a un adversario”: AMLO, se dijo en marzo de 2025, en la presentación del libro: “Un peligro para México y otros cuentos” de Héctor Alejandro Quintanar.
Frente a todo esto es pertinente el que la Comisión Reguladora de Telecomunicaciones (CRT) haya anunciado la apertura de una consulta pública del anteproyecto de los “Lineamientos para la Protección de los Derechos de las Audiencias”.
Es de primera importancia que hoy, en este siglo XXI, las audiencias tengan voz y puedan reclamar cuando observan que desde los medios electrónicos los estén desinformando o traten de manipular, incluso, generen infodemia.
Tienen derecho a reclamar una obligación primaria del periodismo: llevar a la sociedad información veraz, creíble, confirmada y que ésta pueda diferenciar con claridad entre noticia y opinión.
Lamentablemente en este debate que empieza, algunos medios, los que ya conocemos, insisten en mentir y manipular queriendo engañar que con estos lineamientos habrá censura y persecución.
Pareciera que lo que se busca, como en 2017, debilitar los derechos de las audiencias; que estén ahí, sí, pero sólo de adorno como en aquel último año del peñismo. Lo único que va a ocurrir es que una persona nombrada por la propia empresa sea la receptora de las quejas que pudieran tener las audiencias.
La “sanción” que va a tener, cuando mucho, será una recomendación.
Así es que, si usted señora o señor concesionario de los medios electrónicos es fabricante de mentiras, sí, ¡preocúpese!, porque el problema que enfrentará será una sanción y, tal vez, ser señalado de ser fabricante de mentiras, de manipular, de golpeador mediático, es decir, sufrirá una fuerte exhibición pública que, sí, seguramente le causará daño moral, pero en ningún momento será objeto de censura.
Sólo es cuestión de cumplir con los principios del periodismo y con los “Lineamientos Generales para la Protección de los Derechos de las Audiencias”.
Que le cuenten…
Pareciera que la intención de acusar “CENSURA” por parte de algunos concesionarios de la radio y la televisión tiene que ver que uno de los lineamientos exige que la publicidad o propaganda que difundan la radio y la televisión no debe presentarse como información periodística, noticiosa, cosa que es común que hagan muchos medios electrónicos. TV Azteca en particular. O sea, no hacer trampa. Si lo hacen tendrán que a visar a sus audiencias que es una nota pagada. Así de simple.

