Y se abrieron las grandes alamedas…

Por Mario A. Medina

El 11 de septiembre de 1973, cuando el general Augusto Pinochet asentaba un golpe de Estado en contra del pueblo y del gobierno de Salvador Allende en medio del bombardeo del ejercito golpista al Palacio de la Moneda, momentos antes de decidir suicidarse, Allende pronunció sus últimas palabras. Afirmó que su sacrificio no sería en vano.

Las fuerzas armadas implacables disparaban contra los leales al presidente Allende, cortaron las comunicaciones, pero aún así se oyó la voz firme del Presidente quien meses antes había enfrentado una durísima campaña de la derecha chilena financiada por los empresarios nacionales y extranjeros, en particular por las empresas mineras Anaconda Mining Copper Company y la Kennecott Copper Co, explotadoras del cobre y la de telecomunicaciones, International Telephone and Telegraph, ahora AT&T.

Papel relevante tuvo, desde luego la CIA, la agencia de inteligencia norteamericana que había jugado y seguiría jugando un papel sucio para quitar a todo gobierno que le fuera molesto a los intereses de los Estados Unidos, cuyo ejército había diseñado el “Proyecto Camelot”, cuyo objetivo era evaluar las causas de las revueltas sociales, y poder tomar medidas que evitaran la llegada de gobiernos de izquierda que pudieran simpatizar con el régimen cubano de Fidel Castro y el soviético.

Salvador Allende había triunfado en unas elecciones democráticas donde la ciudadanía decidió cambiar de régimen. Cada voto que habían emitido los chilenos era masacrado por las armas golpistas aquel 11 de septiembre. En Washington, en la Casa Blanca, el Presidente estadunidense, Richard Nixon y su Secretario de Estado, Henry Kissinger festejaban que en ese momento Pinochet tenía el control del país. 

En Chile se experimentó el modelo que concibió Milton Friedman; se hizo a un lado el modelo de Estado de Bienestar keynesiano, por el que más tarde conocimos como neoliberalismo. Fue aquí donde un grupo de jóvenes economistas chilenos (Los Chicago Boys) fueron adiestrados para aplicar en su país, por primera vez, este modelo.

Allende, en algún punto al interior de la moneda se dirigió al pueblo, cuya grabación trasmitida por Radio Magallanes quedó allí como testigo fiel de aquel momento. Allende se dirigió a los chilenos. “La situación es crítica, hacemos frente a un golpe de Estado en que participan la mayoría de las Fuerzas Armadas. En esta hora aciaga quiero recordarles algunas de mis palabras dichas el año 1971, se las digo con calma, con absoluta tranquilidad, yo no tengo pasta de apóstol ni de mesías. No tengo condiciones de mártir, soy un luchador social que cumple una tarea que el pueblo me ha dado…”, para luego emplazar a la esperanza: “Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor”.

El pasado domingo, en Chile, sí, sí, se abrieron las grandes alamedas. Gabriel Boric, quien nació casi trece años después de aquel golpe de Estado ganó las elecciones presidenciales sobre su contrincante de la ultraderecha, simpatizante de pinochetismo, José Antonio Kast, lo que, han señalado algunos a analistas, “le da un nuevo aire al bloque progresista en la región”.

En tiempos de pandemia, la izquierda latinoamericana ha levantado el puño. La mayoría de sus mandatarios son de izquierda y centro izquierda, lo que de alguna manera ha generado un clima de optimismo que les puede permitir formar un importante bloque progresista que los lleve a generar políticas públicas comunes, y un proyecto económico común que les apruebe avanzar en unidad, pero al mismo tiempo a trabajar, quiérase o no, con la potencia más importante del continente: EU. 

La radiografía del discurso de Boric nos deja ver que mucho de lo que hoy viven los chilenos, se parece a lo que los mexicanos hemos vivido en los últimos 36 años, donde el neoliberalismo sentó sus bases. 

El candidato triunfante ha señalado la necesidad de enfrentar la “discriminación” de la clase rica chilena hacia los grandes grupos de pobres, algo así como “Primeros los Pobres”, “igualando hacia arriba el acceso”, ha dicho; “el drama de la falta de vivienda y el acceso a servicios básicos”, fortalecer la educación pública, garantizar los derechos de los trabajadores para construir un país con trabajo decente y mejores salarios, crear un sistema nacional de cuidado que reconozca y valore a las mujeres”; algo así como, “Por el bien de Todos”. 

Ha destacado en un tono mesurado, inteligente, sin buscar el choque, sin polarizar, sin dividir: “Basta del despotismo iluminado que cree que puede hacer un gobierno para el pueblo sin el pueblo: ¡Con nosotros en La Moneda entra la gente! La esperanza le ganó al miedo”, afirmó. 

La irrupción de Boric, quien se ha impuesto al ultraderechista, seguramente tendrá un sinfín de lecturas, desde quienes festejamos su llegada hasta quien augure para Chile y Latinoamérica un “peligro”. Desde luego la derecha nativa y la derecha internacional no estará estática, se moverá, y ya se mueve para volver al poder o arrebatar el poder. 

Bien se ha señalado, la izquierda progresista en América Latina “busca encarar una nueva década con optimismo renovado, las opciones de izquierdas habían decaído en la región con la salida de Dilma Rousseff en Brasil y las victorias de la derecha en Uruguay y Ecuador”, pero por fortuna las puertas de las alamedas en la región se han abierto. 

En mayo de 2018 Carlos Alvarado, el candidato de centroizquierda ganó la presidencia en Costa; en julio Andrés Manuel López Obrador arrasó en México. En 2019 el también centroizquierdista Laurentino Cortizo ganó en Panamá, y octubre del mismo año, Alberto Fernández puso fin al intento de Mauricio Macri de ser reelegido en Argentina. 

En octubre 2020, Luis Arce, del Movimiento al Socialismo (MAS), no sólo ganó el voto de los bolivianos, sino que derrotó a las fuerzas golpistas que depusieron al Presidente Evo Morales.

Este 28 de diciembre próximo el Consejo Nacional Electoral de Honduras hará la declaratoria formal como Presidenta electa a Iris Xiomara Castro, quien asumirá el cargo de Ejecutiva federal el próximo 27 de enero. Xiomara es esposa del izquierdista Manuel Zelaya quien en junio de 2009 fue derrocado y expulsado del país por las Fuerzas Armadas y destituido por órdenes de la Suprema Corte de Justicia, lo que fue calificado técnicamente como un golpe de Estado. 

Desde el 28 de julio pasado, Pedro Castillo es Presidente de Perú para el período 2021-2026. Es maestro rural, y se ha destacado porque desde la izquierda ha desafiado a las élites de poder, quienes, igual que en México, y de la misma forma que atacaron a López Obrador, Castillo enfrentó fuertes campañas de desprestigio, información falsa, incluso llamados de la ultraderecha para ser asesinado. 

Casos lamentables son los de Nicaragua y Venezuela, donde quien encabeza los poderes ejecutivos, Daniel Ortega y Nicolás Maduro, son una penosa caricatura de izquierda, pero se parecen a lo más despótico de los peores gobiernos en la historia en sus propios países y en América Latina. 

En fin, termina este 2021 con una América Latina ampliamente de izquierda, donde todos y cada uno de los gobiernos que encabezan el poder son una esperanza paracada uno de los más pobres del continente quienes durante décadas han sido desterrados de mejores condiciones de vida. Cada uno de estos gobiernos son una esperanza, una expectativa de que puedan generar proyectos que los aleje de la miseria, la desigualdad y socialicen la riqueza; que lo que se construya sea para el bien de todos.

Que no les cuenten…

Termina este 2021 y recuerdo a muchos de mis amigos que se fueron. En particular, y de manera muy especial, a Raúl Correa y Juan Hernández. Un abrazo a sus familias. Mi solidaridad con muchos de mis compañeros reporteros de a pie a quienes de manera injusta se les ha metido al mismo saco y se les ha señalado de “golpeadores”; a mis compañeros de Notimex, ¡bien por su lucha! Muchas gracias a quienes me hacen el favor de publicar estas líneas: Sociedad de Noticias, Primera Voz, Caudal Informativo, Latitud Megalópolis y Revista Zócalo. Muy Agradecido con quienes tienen la deferencia de leerme y rebaten mis puntos de vista que mucho me enriquecen. Gracias a todos. Felices fiestas, salud, amor y trabajo. Nos vemos en el 2022.

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