La UNAM derechizada

Por Mario A. Medina

Interesante controversia ha puesto en la mesa el presidente Andrés Manuel López Obrador. Ha dicho que no sólo la UNAM se derechizó, sino que “todas las universidades fueron sometidas por el pensamiento neoliberal”.

El tema en pocas horas causó, por decir los menos, urticaria, e inmediatamente muchos pusieron el grito en el cielo por tal atrevimiento.

¿Pero de cuál UNAM está hablando el Presidente? ¿De sus autoridades? ¿Del alumnado? ¿O de ambos?

Creo que el proceso de derechización del que habla el Ejecutivo federal viene desde los tiempos de Carlos Salinas de Gortari, y aun un poco antes, quien a partir de su reforma del Estado buscó “sentar las bases para convertir a México en una nación moderna, próspera y con un potencial de desarrollo que presuntamente tenía como objetivo alcanzar la justicia social; un proyecto transformador del Estado”, por lo que era necesario aparejar su proyecto con una de las instituciones más importantes del país, es decir la UNAM, para que se convirtiera en uno de los semilleros de su proyecto.

La reforma del Estado salinista se significó como un proyecto nacional diseñado para beneficiar al capital nacional y extranjero, y para “modernizar la economía mexicana” lo que llevó a su gobierno a transformar instituciones, y la UNAM no fue la excepción.

Desde la fundación de la Universidad Nacional sus rectoreshan representado diferentes intereses políticos, económicos y sociales. Desde de principios y a mediados del siglo pasado,destacaron un importante número de ellos con un proyecto social que buscaba que sectores económicos bajos pudieran tener acceso a la máxima casa de estudios y se formaran con un pensamiento social en favor del bien común. Por ejemplo, José Vasconcelos, Antonio Caso, Salvador Subirán, José Barros Sierra, Pablo González Casanova, José Ramón de la Fuente, por mencionar algunos.

Ya en el gobierno de Miguel de la Madrid, las rectorías en la UNAM empezaron a moverse del centro a la derecha. Ejemplo de ello, están las de Guillermo Soberón Acevedo y Octavio Rivero Serrano. Se consolidó su derechización con Jorge Carpizo (1985-1989), José Sarukan (1983-1989/1989-1997), Francisco Barnés de Castro (1997-1999); de manera destacada con José Narro (2007-2011/ 2011-2015) y Enrique Graue (2015-2019), y quien está en su segundo periodo (2019-2023)

Es precisamente en el tiempo de Jorge Carpizo, en el gobierno de Salinas de Gortari, cuando surge el Consejo Estudiantil Universitario (CEU) que demandaba la transformación democrática de la UNAM: “eliminar gradualmente el pase reglamentado del bachillerato a la licenciatura”, se oponían a un modelo único de evaluación a los estudiantes que afectaba la libertad de cátedra de los profesores. 

Aquellas reformas aprobadas el 11 de septiembre de 1986, constituían, afirmaban los ceuistas, “una amenaza de elitización que dejaría fuera del beneficio de la educación superior a miles y miles de jóvenes de bajos recursos”.

Sin embargo, a pesar de aquella lucha del CEU que ganó las calles, las nuevas autoridades que llegaban a la rectoría se identificaba más con la derecha que gobernaba este país, no sólo con Salinas, sino también con el propio Ernesto Zedillo, Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto. Los rectores “neoliberales” como los identifica AMLO, ganaron al gobernar desde rectoría.

Pero también es cierto que el pensamiento estudiantil se fue transformando a la derecha, donde ya de por sí, una buena parte del estudiantado enarbolaba un movimiento individualista, lejano al pensamiento del bien común, de la socialización educativa.

Recuerdo a varios de mis compañeros de la carrera de periodismo, sociología y relaciones internacionales en la ENEP-ARAGÓN de clase media baja con un profundo pensamiento individualista, incluso, xenofóbico, aunque por fortuna una buena parte de ellos tenía en mente, como uno de sus fines, aportar con sus conocimientos y trabajo a favor de una sociedad más justa desde sus trincheras.  

Otro aspecto que hay que analizar es la presencia de los grupos de “porros” que de manera interesante ha desarrollado el profesor de la FES Aragón, Hugo Sánchez Gudiño, quien en sus trabajos sobre el fenómeno ha documentado cómo “los porros”, apadrinados por políticos, sirven para crear caos y amedrentar a la comunidad universitaria, todos ligados a grupos políticos del PRI y PAN que siempre han tenido a la UNAM como un espacio de poder importante.

En 2006, Sánchez Gudiño destacó cómo en las prepas y Colegios de Ciencias y Humanidades (CCH) resurgieron grupos de porros cuyo “objetivo era darle un mensaje al rector Juan Ramón de la Fuente”, dado que apoyaba a López Obrador, pues observaba que El Peje se enfilaba “a ganar la Presidencia y el PRD va a ganar la capital”, consideraba el académico. 

A querer o no la UNAM es un micro mundo de lo que sucede en el país y es allí donde también se da la lucha por el poder político. Andrés Manuel López Obrador está convencido que mayoritariamente el estudiantado de esta casa de estudios, muy probablemente, no favorece a su proyecto, el de la 4T, y menos aún quienes han gobernado y gobiernan a la UNAM, y que representan los intereses políticos de quienes han enarbolado un proyecto neoliberal y hoy son opositores al tabasqueño.

Es difícil saber bien a bien cuáles son los cálculos políticos de López Obrador, pues han sido constantes los “pleitos” que él ha buscado, digo yo, de manera gratuita y de forma equivocada con las clases medias surgidas de las universidades y de la propia UNAM. Un grave error.

Efectivamente la UNAM de manera particular se ha derechizado, y aunque poco trasciende, allí se ha dado una soterrada lucha por el poder donde los grupos políticos al interior de nuestra máxima casa de estudios, tienen el padrinazgo de la derecha política y económica que no sólo ha impulsado la creación de cuadros técnicos, sino también el fortalecimiento de un pensamiento conservador entre el estudiantado para que le sirva al sistema político-económicoque está peleado con quien hoy gobierna México.

La UNAM -sean autoridades y/o estudiantes- representa un espacio que mayoritariamente hoy en día no está con quien gobierna desde Palacio Nacional, cuyo capital político se encuentra entre las clases bajas, entre los pobres, y son cada vez menos quienes, entre la clase media siguen apostando por la transformación que propone López Obrador. 

Sí, lo mejor que le puede seguir pasando a la UNAN es que siga siendo un espacio plural. Por esto mismo no se le debe temer al debate cuando López Obrador acusa que la UNAM está derechizada. Que se expresen todos, y quien crea que no es así, que argumente, y no se salga por la tangente con el cuento aquel que “se viola la autonomía universitaria”.

La UNAM como institución está hoy, y desde hace más de 35 años en manos de un sector que está muy lejos de tener como fin máximo, efectivamente, la formación de cuadros que sirvan a la población y al país. La UNAM, coincido, está derechizada, y ya desde hace buen rato.

Que no le cuenten…

El reportaje de “La CIA auspició actividades guerrilleras contra Pemex: Lucio Cabañas” de José Víctor Rodríguez en el portal Sociedad de Noticias, puso los pelos de punta a muchos de la izquierda en México. Me explica Víctor que la nota surge de una carta interceptada por la Dirección Federal de Seguridad (DFS) y que se puede encontrar en el Archivo General de la Nación. Un hecho es claro, si partimos de lo que dice el texto con la supuesta firma del profesor guerrillero, efectivamente pone los pelos de punta a muchos, y más a quien de toda la vida lo sigue viendo como un símbolo del proletariado antiyanqui.

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