La “guarimba mexicana”
Por Mario A. Medina
Durante ya más de siete años, las y los mexicanos hemos escuchado eso de que “México está ya como Venezuela”.
Lo paradójico es que quienes realmente han venezolanizando a nuestro país es la derecha de aquí, que está replicando todo el discurso de la derecha de allá como una estrategia mediática de golpeteo político para sus propósitos.
Para tales fines los sectores adinerados del país sudamericano levantaron lo que coloquialmente se conoce como “guarimba”; término usado en Venezuela para referirse a barricadas callejeras o cortes de carreteras.
Es una barricada hecha con basura, árboles, sacos de arena, piedras, como obstáculo para impedir el paso, pero también como un espacio de protesta.
La “guarimba” es más conocida porque las clases adineradas venezolanas la adoptaron, las levantaban como una forma de rechazo a un gobierno identificado con la izquierda.
Además de crear inestabilidad en distintos puntos de la geografía bolivariana, se creaba una narrativa que descalificaba al gobierno de Hugo Chávez; al mismo tiempo los sectores productivos, empresariales provocaban premeditadamente una serie problemas como escasez de medicinas, alimentos, gas y productos de primera necesidad.
Las redes sociales se convirtieron también en “guarimbasvirtuales”, desde donde grupos anónimos mandaban mensajes para generar descontento entre la población de allá.
Mucha de esa propaganda surtió el efecto que sus propagadores esperaban, logrando así el objetivo entre los grupos que, se suponían eran chavistas, haciendo mella en sus posiciones, pasando a formar parte de la oposición. Simplemente fueron usados como un instrumento para los fines de la derecha de aquel país.
Ya desde hace varios meses atrás, la derecha política y mediática mexicana arreció la construcción de su “guarimba” que desde antes había empezado construir para tratar de sacar del gobierno al presidente Andrés Manuel López Obrador. Una especie de parapeto levantado precisamente de montones de basura, es decir, de mentiras y acciones descalificadoras contra el proyecto de la Cuarta Transformación.
Vinieron las elecciones y fue muy clara la debilidad política e ideológica de la derecha mexicana, pero también su desprestigio frente a la sociedad que despreció a su candidata presidencial, Xóchitl Gálvez. Era claro el mensaje de la población a un proyecto de la derecha neoliberal que tenía a las y los mexicanos en el rango menor de sus prioridades. Más de 33 millones de mexicanas y mexicanos votamos por Claudia Sheinbaum Pardo.
Como en Venezuela, la derecha aquí se está reorganizando para regresar. En las últimas semanas, como escribí en mi columna “Golpe blando en vivo y a todo color”, las y los mexicanos hemos estado presenciando una serie de acciones que son signos claros de que lo que se busca, a través de mensajes en las redes sociales y medios de comunicación, es validar aquello de que “México se está convirtiendo en Venezuela”, y que “vamos rumbo al caos”.
Si bien desde un tiempo para acá no estamos viendo barricadas callejeras en sectores adinerados y de las clases medias acomodadas, es cierto que hemos estado viendo acciones particularmente desde las redes sociales con un propósito, el de desacreditar al gobierno de la presidenta Sheinbaum.
Ahí está la exigencia de que se lleve a cabo una revocación del mandato presidencial, cuando esta figura ya existe de en la Constitución de la República; desde luego los hechos rijosos del 15N en el Zócalo que buscaban que el gobierno respondiera con represión, lo mismo el que se esté usando como bandera la muerte del presidente municipal de Uruapan, Carlos Manzo, y aprovecharlo como ariete.
Ahora se suman las acciones de protesta y bloqueos carreteros de agricultores y transportistas en más de la mitad de las entidades que, si bien uno de sus reclamos tiene que ver con el problema de la inseguridad, que es un hecho, y que el gobierno tiene que darle solución cuanto antes, también es cierto que están aprovechando esta coyuntura para amplificar problemas que existen, pero que no son peores a los que vivimos durante los gobiernos del PRI y del PAN.
La iniciativa de reforma a la Ley de Aguas Nacionales de la presidentA Sheinbaum propone dos modificaciones estructurales. Uno: el derecho humano al agua como eje rector y, dos: dar prioridad a los usos domésticos esenciales en escenarios hídricos de escasez, amén de impedir la trasmisión privada de las concesiones.
Los intereses en torno al agua son muchos no sólo de políticos del PRI y PAN; están las empresas nacionales y extranjeras que requieren de miles de millones de litros de agua; de empresas refresqueras y de aguas embotelladas; lecheras; de cerveceras, mineras, por mencionar algunas.
Buscan hacer prevalecer los privilegios en favor de quienes han sacado ventajas de las concesiones que les permitió la reforma de 1992 de Carlos Salinas de Gortari; pretenden que las concesiones sigan siendo heredaras, transferibles, incluso que pueda haber arreglos privados con esas concesiones, donde la población en general y los ejidatarios, poco les interesa, aunque el discurso hoy sea el que les preocupan también ellos.
Poco a poco en todas estas semanas se han ido concatenando las piezas de una “guarimba mexicana” que, igual que la venezolana de las clases ricas, dejaron tener los beneficios que les permitía el modelo neoliberal.
A diario, incluso con inteligencia artificial, vemos diversos mensajes que buscan sembrar entre la población, descontento, dudas, problemas que, si bien existen, insisto, no son para nada peores a los de los gobiernos del PRIAN.
La pregunta es: ¿tendrán eco las acciones de la “guarimba mexicana”, particularmente entre quienes simpatizan con la 4T, de que estamos viviendo en un caos”,? Estoy convencido de que no; si acaso en algunos pocos de entre quienes buscan crear un caldo de cultivo para sus propósitos.
Es falso que haya un hartazgo en la población con su gobierno, ¿Hay un estrés social por la inseguridad? Sí, sí lo hay, pero la mayoría de la población se ha dado cuenta de la diferencia que existe de facto -a pesar de muchas cosas que se deben atender-, entre los gobiernos del PRI y el PAN y el proyecto transformador de la 4T.
No descartemos que los patrocinadores de la “guarimba mexicana” intenten arreciar una guerra mediática sobre un supuesto caos; se hable de un narco gobierno y se propague de manera ficticia la falta de productos de primera necesidad, sin importarles que sea una vil mentira.
Sí, en la “guarimba mexicana” no veremos a las señoras, a los señores “fifis” y sus congéneres zetas, detrás una barricada en las colonias “po-pof” del país protestando, porque eso no se les da.
Eso sí, financiando con mucho, pero mucho dinero, las “guarimbas virtuales”, que sí, ya desde hace rato, las echaron a funcionar, pero que no veo, estén teniendo eco entre la población que antes la ningunearon y olvidaron, y ahora le ruegan se sumen a su “guarimba”.
Que no le cuenten…
Se dice que los siete años de Alejandro Gertz Manero al frente de la FGR “estuvieron manchados”. Se le acusa de no hacer su tarea, que usaba a la institución para “venganzas personales”; “extraviaba” pruebas importantes; guardaba bajo siete llaves expedientes “explosivos” de empresarios, políticos, artistas. “Ya entiendo -me dijo un vecino- porqué priístas, panistas y otros tantos, reclamaron, se enojaron, están incomodos y preocupados de la salida de “tortugertz” de la Fiscalía. Sí, quedaron huérfanos de su manto protector.

